Red Viva
Libro Vivo

El Jugador y la Música de la Creación

Sobre la cocreación, la Realidad flexible y el concierto vivo

Hay algo que ocurre en el concierto que no sé explicar del todo. Y precisamente por eso sé que es verdad.

En el momento en que dejo de intentar controlar hacia dónde va la música, algo cambia. Ya no soy alguien que toca un instrumento mientras la realidad espera quieta al otro lado. Hay un intercambio vivo. Lo que toco afecta lo que surge. Lo que surge afecta lo que toco. El límite entre el músico y la música se vuelve poroso hasta desaparecer. Y en ese espacio sin límite claro, aparece algo que no estaba antes. Algo que no podría haber aparecido si yo hubiera permanecido separado de ello.

Eso es lo que llamo formar parte de la Gran Unidad de la Música de la Creación.

No es una idea. Es una experiencia directa que conozco con el cuerpo.

Y desde esa experiencia puedo decir algo sobre la Realidad que no aprendí en ningún libro: la Realidad no es rígida. Es flexible. Pero no flexible como arcilla que el pensamiento moldea a voluntad. Eso sería otra forma de control, más sutil pero igual de cerrada. La Realidad es flexible como es flexible el espacio entre dos músicos que improvisan juntos: responde, propone, sorprende. Participa.

Y ahí está la distinción que lo cambia todo.

Hay una versión del observador que crea la realidad que es una trampa. Si todo saliera exactamente como lo planifiqué, solo habría habido uno. No dos. No el intercambio vivo.

Hay una versión del "observador que crea la realidad" que se convierte en trampa: si mantienes la vibración correcta, lo que deseas se manifiesta. Eso convierte la creación en una transacción. Y convierte cada resultado inesperado en un fallo personal. Es el ego queriendo ser Dios desde su pequeñez.

Pero lo que ocurre en el concierto no es eso.

En el concierto no controlo el resultado. Me abro al flujo y participo desde ahí. A veces la música va hacia lugares que no esperaba. Eso no es un fallo. Es precisamente la señal de que la cocreación está funcionando, de que hay algo más que yo en ese proceso.

La cocreación real requiere soltar suficiente control para que la Realidad también pueda proponer.

Y la frecuencia vibracional que uno emite no es una herramienta de manipulación. Es el estado desde el que uno entra en esa conversación. Si entras cerrado, asustado, aferrado al resultado, la conversación no puede ocurrir. Si entras abierto, en flujo, desde la Esencia, la Realidad tiene con quién jugar. Y entonces sí, algo se cocrea que no existía antes.

Eso es lo que siento cuando la música funciona de verdad: que no la hice yo solo. Que formé parte de algo más grande que a la vez me incluía completamente.

Esa es quizás la experiencia más cercana a lo que las tradiciones llamaron Unión. No la disolución del individuo en una nada indiferenciada. Sino la participación plena del individuo en el Todo que también es él.

El jugador y el juego siendo uno sin dejar de ser dos.

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